El productor de Lanata, Gabriel Levinas a juicio oral por las obras de León Ferrari

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El productor de Jorge Lanata es investigado por la Justicia por la venta de varios trabajos que fueron prestados por el artista al periodista. Delito de “defraudación por retención indebida”.

Fue un acto de confianza que se transformó en desilusión, una relación de años truncada por el vil metal. El artista León Ferrari, que transitaba los últimos días de su vida habiendo visto todo, volvía a cosechar en su contra una muestra más de las conflictivas relaciones humanas. Fue cuando cedió obras de su autoría que le fueron devueltas sólo en parte, razón por la cual el conflicto espera hoy su resolución en los tribunales. Esta historia tiene a otro nombre: Gabriel Levinas, quien actualmente enfrenta la posibilidad de ser condenado por no demostrar el destino de los bienes que le fueron confiados. En abril de 2008, Ferrari le entregó a Levinas 13 dibujos y dos collages para su exhibición y venta en calidad de préstamo. Un total de quince obras tendrían como destino la galería Brun Léglise, en 51 rue de Bourgogne de la ciudad de París. Según consta en la causa judicial, tres fueron vendidas a un coleccionista llamado Roberto Brumberg, y de las 12 restantes sólo cuatro le fueron devueltas al artista. ¿Qué ocurrió con las ocho que faltan?
Gabriel Levinas tiene una trayectoria de años como periodista y marchand de arte. En la actualidad se desempeña como productor y columnista del programa televisivo de Jorge Lanata, Periodismo Para Todos, y su nombre se vio envuelto en la polémica tras un informe que indicaba al dirigente piquetero Luis D’Elía como dueño de una empresa de transporte de combustibles. Según el empresario Mario Codarín, Levinas lo extorsionó para dar aquella versión en cámaras, que finalmente salió al aire. Pero un video casero de Codarín y D’Elía realizado antes de la grabación del reportaje puso en duda la verosimilitud del informe de PPT.
Cuando el periodista debió rendir cuentas ante Ferrari, surgió un inesperado percance. Sus abogados lo explicaron a la Justicia mediante un escrito: “Levinas atravesó un estado crítico de salud que tuvo para él enormes implicancias personales y profesionales, entre ellas de tipo económicas, por lo que debió afrontar cuantiosos gastos para poder sobrevivir, y como no tenía dinero propio que en tal sentido le alcanzara para ello, debió disponer del que había obtenido por la venta de ciertas obras de arte de Ferrari y de otros artistas”. Existe otra versión: que el dinero de las obras no se reintegró porque un comprador de origen uruguayo falleció antes de completar el pago total. Cuando se difundió la noticia, Levinas contestó pero no a través de su web Plazademayo.com, sino por Twitter. Para comenzar, echó mano al aspecto sentimental de la relación: “Ante la difusión de un pleito en la Justicia que aún no está resuelto con los representantes del artista León Ferrari, quiero dar a conocer mi versión de los hechos ante este desafortunado asunto que está siendo utilizado políticamente y de manera falaz. Conocí a León, su esposa Alicia y sus tres hijos, Pablo, Marialí y Ariel, hace más de 50 años en Punta del Este. Pasé muchos fines de semana desde allí en más en la casa de León en Castelar. Si bien todos ellos fueron parte mi infancia y adolescencia, por razones de la edad mi amigo fue Ariel, asesinado por la dictadura militar. Muchos años después, cuando regresó de su exilio, en distintas oportunidades hicimos cosas con León, sobre todo en épocas donde la venta de su obra era muy difícil. También lo acompañé en algunas de sus iniciativas políticas. En 2008 Ferrari me dio para su venta varias obras que fueron efectivamente vendidas y otras devueltas”.
En diciembre del año 2012, los jueces de la Sala Primera de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de la Capital Federal, Luis Bunge Campos y Jorge Rimondi, rebatieron el argumento del incumplimiento por enfermedad para procesar a Levinas: “No resulta suficiente para disminuir su responsabilidad penal, ya que existe una diferencia sustancial entre el valor del tratamiento médico y el dinero obtenido por la venta de las obras. Se encuentra suficientemente acreditado en autos el abuso de confianza que habría cometido Levinas. La circunstancia alegada por la defensa, relativa a la repentina intervención quirúrgica por la que debió atravesar el imputado, no logra rebatir las probanzas reseñadas por la jueza de primera instancia, ni resulta suficiente para disminuir su responsabilidad penal”. El perjuicio contra Ferrari se calcula en 144.199 dólares y hasta la fecha las obras no fueron devueltas a la familia, tampoco algún pago parcial y, menos, punitorios.
León Ferrari falleció el pasado 25 de julio a los 92 años de edad y fue despedido en medio de una gran conmoción por familiares, amigos y colegas. En marzo, poco antes de la muerte del artista, el fiscal de instrucción Augusto Troncoso requirió la elevación de la causa a juicio oral y público, acusando al imputado de “defraudación por retención indebida bajo abuso de confianza”, figura que para el Código Penal contempla penas que van hasta los seis años de prisión. La jueza de instrucción Wilma López dio curso al requerimiento del fiscal y elevó la causa a la instancia oral y pública. Los abogados de Levinas, entonces, plantearon la nulidad porque, por ejemplo, no se llamó a declarar a otros artistas plásticos. Muy lejos de los 140 caracteres, Levinas fue más allá en su descargo y entró en chicanas políticas: “Cuando León se encontraba ya muy limitado por razones de salud, sus abogados realizaron una falsa denuncia por retención indebida que prosperó por razones políticas y de ningún modo por los elementos que obran en la causa ni lo sucedido en la realidad. Las diferencias que sí existieron debieron ser resueltas en corte civil. Para ello la jueza y los camaristas Bunge Campos (nombrado por el Gobierno presidente del Consejo de la Magistratura) y Rimondi no citaron a ninguno de los testigos propuestos por mí y no consideraron dos declaraciones juradas de Ferrari ante la aduana y la Secretaría de Cultura donde expresamente indica que esas obras se me entregaron para ser vendidas, con lo que la figura de retención indebida carece de sustento. Esto es negarme mi legítimo derecho a la defensa. El delito de retención indebida se configura cuando uno, depositario de un bien, no lo reintegra o le da un fin distinto al que le fue encomendado. En este caso se me imputa haber vendido obras que no tenía derecho a vender, que me fueron entregadas en préstamo. Existen dos declaraciones juradas firmadas por León Ferrari que demuestran la falsa imputación”.
Muchas explicaciones, pero el dinero y los cuadros nunca aparecieron. La jueza Wilma López elevó la causa a juicio oral y público y seguramente los familiares de León Ferrari sean recompensados por la Justicia. Algo que el artista genial, generoso y defraudado, no podrá disfrutar.
Fuente: ProDiario
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Hay un único lugar donde ayer y hoy se encuentran y se reconocen y se abrazan. Ese lugar es mañana...

Publicado el 16 agosto, 2013 en NACIONALES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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